Dura es esta frase: "La honestidad es un regalo muy caro, no la esperes de gente barata". Tan dura es, como de real es su interpretación. Vivimos en unos tiempos en el que el valor de la honestidad se cotiza bien caro, no es fácil encontrarla en un mundo que se empeña en vivir de las apariencias y la falsa imagen. La verdad en acción delata a todo aquel que como principio enaltece la honestidad requerida y exigida para con ellos, pero carente de valor, en su uso, para con los demás. Y es que andar sobre la cuerda de la honestidad se puede convertir en la trampa más sutil, pues se incurre en ella sin apenas percibirlo. El mentiroso muchas veces no cae en la cuenta de sus propias mentiras porque con quien primero se miente es para consigo mismo, de ahí que no se pueda esperar de la "gente barata" un valor tan caro como la honestidad; no le crecía a Pinocho su nariz por pura casualidad. En una jungla de personas, elegir las adecuadas es esencial para salir ilesos. Ciertamente que cuando no escuchamos para entender el diálogo se convierte en dos monólogos de sordos, donde cada cual piensa del que tiene enfrente si no estará dialogando con un mudo. Hay tiempo para entender y tiempo para contestar, pero casi siempre pensamos que todo ese tiempo es nuestro. Cierto es que para comunicarnos no existe ni mayor ni mejor lenguaje que el que proviene del corazón, pues éste nos permitirá descubrirnos como humanos en su esencia más bondadosa y nos enseñará a ver que más allá del amor no existe nada por lo que merezca caminar. El caminante sabe que no sólo existe el camino recto, conoce de obstáculos y se predispone para ello con una actitud siempre amorosa; la única que le descubre hacia el conocimiento. Será esa misma actitud amorosa la que le ayudará a discernir, pues muchos son los que se erigen como testigos de la verdad y señalan a aquellos que optan por amancebarse o cambian frecuentemente de pareja como ejemplos dignos de pecado, hasta el punto de escandalizarse. Claro que luego aterrizas en el Evangelio y encuentras pasajes como éste: "El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra, e inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo". Jesús siendo quien es, se inclina para seguir escribiendo en el suelo. Hay pecados o faltas a la vista y otros ocultos, tanto de unos como de otros, cada cual ha de acarrear los suyos y sólo de los suyos habrá de dar cuentas. Entiendo que al igual que hay suma, hay resta o multiplicación; en cualquiera de los casos todas las faltas, errores o pecados son y serán siempre unipersonales. Hay cánceres que pueden tratarse y lo mejor será extirparlos, otros que se imponen y terminan por acabar con el que los padece. Al final, guste más o guste menos, será Dios y sólo Dios, para los que crean, quien decida y hará balance. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, perdona, feliz día y bienvenido Septiembre. ©1/9/2015 J. Javier Santana
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