Nos podríamos preguntar si con la ternura se nace o ésta se construye. Yo pienso que todos nacemos con un determinado carácter, y un símil lo tenemos en los alimentos; eso nos induce a pensar que la transformación está en uno, en el deseo y la voluntad que se le quiera poner a esa transformación. El queso surge de la ternura de la leche, no se hace duro desde su nacimiento; el tiempo lo hace duro, lo cura. El plátano nace duro y termina haciéndose tierno, maduro. Ambos alimentos tienen su momento, gusto y sabor en nuestro paladar; saberlo es, como diría Oscar Wilde, "lo que da la fuerza", porque la creación nace del amor para ser transformado en toda la belleza que genera el arte de transformar lo que la propia creación nos brinda. La vida en sí misma es una invitación constante a la reflexión, ella es como el azúcar a todo lo que se nos presenta amargo. Conservar ese derecho a reflexionar, incluso erróneamente, es siempre la posibilidad de que no se nos escape el lado dulce de las cosas. Si la vida no la tomas con sentido del humor, ésta se te agria como el limón. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, perdona y feliz comienzo de semana vísperas del Pino y la Caridad del Cobre (Patrona de mis queridas Gran Canaria y Cuba respectivamente), p'llá nos vamos caminando. ©7/9/2015 J. Javier Santana
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