miércoles, 28 de mayo de 2014

Hemos de despertar a ese niño, necesita estar despierto y volver a reír

Cada miembro de nuestro organismo tiene su función, y el cerebro no iba a ser menos. Qué la neblina no empañe los ojos de nuestra mente. Para la lectura nunca debe haber excusa cuando lo que se pretende es tener un criterio personal más allá de lo que nuestras narices logren ver; si es que ven. Dos imprudencias al unísono y a cuál peor, ante un paso de peatones; un peatón obnubilado con su móvil y auriculares, el otro al volante pero más atento a lo que acontece la actualidad informativa, desde la radio de su auto, que a la circulación. Frenazo en seco para evitar disgustos: "yo llevo la razón, tú tienes un paso de peatón", le dice éste último. Ya no importa quién esté atento o no, nadie es responsable hasta que no ocurra la desgracia. Se impone las prisas y el claxon del que por detrás viene empujando al volante; no hay tiempo para discusiones absurdas, donde quién manda es la arrogancia de los protagonistas. Jamás se sabrá quién tuvo la razón, pero la imprudencia habitó en ellos. Qué fácil hubiera sido pedir disculpas, pero sólo se aprende cuando la imprudencia se lleva hasta su máximo exponente. Me quedo pues con esta otra versión: Si hoy vuelves a reírte por cualquier cosa que te suceda, si llegas a casa y te pierdes en algo que te alegra. Si cuando vas por la calle te da risa el sombrero de alguien que pasa a tu lado, y si al salpicarte los pantalones con barro, te ríes porque sientes que los lunares no te quedan bien: la mitad de la batalla estará ganada. Has despertado de nuevo a tu niño, y él espera que así sea todos los días, porque es el encargado de mostrarte la felicidad en las pequeñas cosas y eso forma parte del gran misterio de la vida. Hemos de despertar a ese niño, necesita estar despierto y volver a reír, porque si él no ríe nosotros tampoco, si él no es feliz nosotros tampoco. Nuestro niño es la humildad como manifestación pura al estar exento de poder, pero por contra necesita de un cuidado continuo y amoroso. Qué nadie nos arruine el día. Los quiero y feliz día. ©29/5/2014 J. Javier Santana


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