lunes, 8 de septiembre de 2014

Cuando se opta por huir, solo se está huyendo de los propios errores

La vida en sí misma es una invitación constante a la reflexión, ella es como el azúcar a todo lo que se nos presenta amargo. Conservar ese derecho a reflexionar, incluso erróneamente, es siempre la posibilidad de que no se nos escape el lado dulce de las cosas. Cuando uno opta o decide huir, de lo único que está huyendo es de sus propios errores. No permitamos que ningún evento negativo nos transforme el buen ánimo, pues todo lleva consigo la costumbre de pasar; como el molino al agua. No permanece siempre el mar embravecido, aunque mientras se navegue sobre él, en esas circunstancias, se termine por marear o vomitar. No es fácil mantener el buen ánimo en ese tipo de situación, como tampoco lo es el sostener nuestra mejor cara. Todo se puede dar, pero no por eso el mar mantendrá la calma. Una madre sabe del dolor de un parto, pero sólo piensa en tener en sus brazos a su bebé. Un atleta se desgasta hasta la extenuación, pero sólo piensa en llegar a la meta. Un niño puede llorar de dolor, pero su mente sólo sabe de que alguien terminará por atenderle. Cuando las circunstancias nos son adversas sólo nos queda esperar o resolver; de todo, algo bueno siempre nos espera y el que huye se lo pierde. Por eso es que todos, alguna vez, nos hemos dejado alguna piedra en el camino; esa misma que nos recuerda la canción, la que nos enseña que nuestro destino es rodar y rodar. Los quiero, feliz comienzo de semana y muchas felicidades para todas las Pino. ©8/9/2014 J. javier Santana

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