Todo empieza como en un baile, primero invitas y luego bailas; si la idea es bailar acompañado. Otra cosa es bailar solo, pero cuando se invita, la idea es otra. Se supone que cuando invitas es porque ya sabes bailar, a menos que seas un atrevido y prefieras improvisar o esperar a que te enseñen. Lo cierto es que cuando uno acude a un baile, los conceptos los tiene claro; como de claro también se ha de tener el estilo de baile que se pretenda bailar, pues no todos los ambientes son iguales. Puede que la primera vez que invites te digan que no, pero eso no debe ser motivo para que te rindas en el intento. Con la oración, en presencia de Jesús, ha de ser igual. En la oración primero invitas, te encomiendas al Espíritu Santo, y luego es que empiezas a orar; si la idea es poner las intenciones en alguien o algo. Otra cosa es orar sin invocación, pero cuando se ora de esta forma, la idea es otra. Se supone que cuando pones las intenciones es porque ya sabes orar, a menos que seas un atrevido y prefieras improvisar o esperar a que te enseñen. Para orar no hay que acudir a ninguna escuela, solo se trata de tener a Jesús presente en tu corazón y depositar en Él, a plenitud, toda la confianza. Lo cierto es que cuando uno acude a un lugar de oración los conceptos, como en el baile, hay que tenerlos bien claros; como de claro también se ha de tener el prototipo de oración que se pretende orar, pues no todos los ambientes para la oración son iguales. Puede que la primera vez que invites a los demás a orar te digan que no, pero eso no debe ser motivo para que te rindas en el intento. Jesús es bien sabedor de lo que necesitas tú y los demás; con sus carencias, lagunas y falta plena de confianza. Acercarse a las huéspedes de Jesús no es una moda, es una necesidad imperiosa y salvadora. Lo que no salve Él, jamás lo salvará nadie; es el gran y poderoso artista de milagros. Bueno es el fluir con la vida, pues ella nunca dejará de estar. Existen verdades como colores lleva una obra de arte, pero hay verdades que hablan por sí misma que, acompañadas de mil palabras, se quedan cortas. Ahí donde haya amor, no falta de nada, e inclusive a la propia estupidez se le da cobijo; porque para el amor no existen barreras, sólo grandes puertas abiertas a las desigualdades e injusticias. Dios nos ha creado de la forma que somos para que aprendamos a entendernos. Si ante la imagen tierna de dos niños, de diferentes razas, todo es posible, la posibilidad se tornará infinita si somos capaces de ver, y valorar la vida, con ojos de niños. Qué no muera el Amor, que viva eternamente en nuestros corazones. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, perdona y feliz comienzo de semana. ©16/11/2015 J. Javier Santana
(La sin razón siempre cobra vidas humanas, pero ante una propuesta de guerra sólo existe un camino de Paz).
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