La libertad, elevada a su máximo exponente, no se puede hallar más allá de la inspiración de uno de los baluartes de la Generación del 27, como lo es el poeta Luis Cernuda, pues dice no conocer la libertad más allá de "estar preso en alguien cuyo nombre no puede oír sin escalofrío". Bella cita la de Cernuda. Nuestra libertad no se encuentra tan lejos, como de cerca la quieras ver en las cosas sencillas; al contemplar una flor, sentir el rugido del mar, palpar a oscuras la suave piel del ser que amas o estar preso de ese nombre, que no eres capaz de oír, sin antes erizarse tu piel. Por qué será que el amor siempre nos sirve de salvavidas, y que poco lo tenemos presente. Requerimos el amor en los demás, cuando los demás requieren del nuestro. Nadie mejor que Jesús, o el propio Neruda, lo ha podido descifrar:Dado que "nada nos salva de la muerte" busquemos al menos, a diestro y siniestro, lo que nos salva de la vida; el amor. Hay personas que van agonizando por la vida, postulando por una muerte pronta. ¿Quién nos garantiza que al expirar se esté mejor? El sufrimiento físico termina con la muerte, pero el alma toma del cuerpo para purificar y, para otros, toma otro cuerpo. La carne padece, se pudre y expira. Al ser humano le gusta vivir entre la invención y el misterio; mientras, Dios sigue dando respuestas para quienes las escucha. Las cosas se entienden desde la óptica que se quieran ver; aunque para ello, a veces, no se vea nada. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, perdona y feliz domingo Día del Señor Jesús. ©8/11/2015 J. Javier Santana
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