domingo, 12 de octubre de 2014

Mientras las espadas de la justificación estén en lo alto, alguien estará pagando la cuenta

Todo aquello que toma más tiempo en hacerse y que requiere de un mayor nivel de paciencia suele contrastarse,  positivamente, con el exquisito sabor que genera el resultado final obtenido con ese amargo dolor del tiempo utilizado; y es que tanto la nuez como la almendra nunca fueron sin maduración y cáscara. Un caldo hay que dejar que se guise, de lo contrario nos lo comeremos crudo. De la misma forma se puede entender como la inconsciencia del grande genera la inconsciencia del pequeño cuando se denota un abuso excesivo de poder. Buscar una mínima responsabilidad por esa inconsciencia inducida en el pequeño es justificarlo cuando, por parte del grande, no se es capaz de demostrar lo contrario. Entonces grandes y pequeños tienden a justificar sus respectivos debates inconscientes, y entre justificación y justificación siempre hay quien termina por pagar la cuenta; el justo, ese al que se le persuade, distrae, aburre, embaucan y al que poco se le escucha y toma en cuenta porque en un mundo de inconscientes, al justo, se le toma por agente extraño, incómodo o imbécil. Cuando la ignorancia nos domina el estatus se nos queda a la altura del betún y luego todos a correr, y como si de un partido de balonmano se tratara; todo el mundo a sacudirse la pelota de encima. Todo sea por los anticuerpos de alguien que aún se hace llamar Paciencia Melgar Ronda, cuyo color de piel, origen y humanidad está muy por encima de aquellos que, sin saberlo, se hacen llamar ineptos. Los quiero, piensa en positivo y feliz domingo. ©12/10/2014 La vida según Pipa II (J. Javier Santana)

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