Con el sudor se va parte de nosotros; grasas, minerales, vitaminas, etc. Pero con el sudor regresan otras cosas muy buenas para nosotros; el deseo de recuperar nuevas vitaminas y esos minerales que vuelvan a tonificar el organismo. El sudor lleva impregnado nuestro esfuerzo, los sueños y anhelos. Cuando no sudas, no ocurre nada; ni tan siquiera la fecundidad de la tierra es capaz de conmoverse. Si no somos capaces de ver el potencial de aquello que nos cuesta, es imposible llegar a ver esa transformación que buscas en cada día de tu existencia. Suda, y empezarás a entenderte; pues _como diría José Hernández_ "la tierra no da fruto si no la riega el sudor". Mientras las cosas se ocupan de un orden, el orden de las cosas se ocupará de nosotros. Un libro depende de la mano con la que se toque. Si lo haces con la mano del alma, te dará respuestas; si lo haces con la mano de la mente, excusas para esperar a otro momento. Porque un libro no es su forma, sino el espíritu de quién lo hizo posible; pues nadie más que él conoció su motivo. Quizás nunca se dejó llevar por las falsas apariencias. A veces se hace necesario esa espera, pues el paso del tiempo lo puede cambiar todo. Allí donde parece estar emergiendo un súbito derrumbe, se construye el reconocimiento a una labor, entrega y pasión al trabajo realizado. Es justo así como se tienden a dibujar y desdibujar los tiempos que marcan las etapas. Aguarda ese segundo final, cuando ya has vencido la hora; ese será el segundo más difícil y determinante. Para reconocerte en él, aprende hoy. Si observando el color de las nubes, puedes intuir que traerán agua; un segundo influyente, dentro de una hora, es perfectamente reconocible en el espacio y tiempo. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, perdona y feliz fin de semana. ©23/10/2015 J. Javier Santana
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