Cuando un bote de leche se nos cae, ocurre igual que con un mal comentario; sabemos el lugar donde cae, pero desconocemos el alcance de su salpicadura. Todo aquello que se toma más tiempo en hacerse, y que requiere de un mayor nivel de paciencia, suele contrastarse positivamente, con el exquisito sabor que genera el resultado final obtenido y con ese amargo dolor del tiempo empleado en su elaboración; y es que tanto la nuez como la almendra nunca fueron sin maduración y sin cáscara. Un caldo hay que dejar que se guise, de lo contrario nos lo comeremos crudo. Así actúa la más rabiosa paciencia. Lo bueno de darse cuenta de que eres humano, es que no eres perfecto; no existe mejor elixir que un instante feliz. Todo es una rueda que no tiene fin; por mucho que al burro le quites las albardas, burro seguirá siendo. Si te mantienes durante mucho tiempo en un mismo lugar sin que tu burro te propine una coz, es porque, junto a los burros, hay que saber donde ponerse. Con los burros no puedes llenarte de confianza, a poco que te descuides patean hasta la mano que le dan de comer. Es posible que alguna vez hayamos actuado también como los burros, así fuera que dimos patadas y hoy ya no hay quien nos ponga las albardas, o por el contrario fuiste el pateado; en cualquiera de los casos, nunca pierdas la perspectiva de quien eres o puedes terminar siendo. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, perdona y feliz domingo Día del Señor Jesús. ©11/10/2015 J. Javier Santana
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