sábado, 29 de noviembre de 2014

El tiempo en las personas se marca en sus rostros con el sello de la complicidad.

No cabe la menor duda de que el que vive de apariencias, en apariencias se queda. Nadie puede vivir de espaldas ante la desnudez representada en el espejo; si de contar verdades se tratara, habría que aplicarse a diario el cuento de Blancanieves. El tiempo en las personas se marca en sus rostros con el sello de la complicidad. Se ha de saber la línea para evitar salirte de ella y nadie la invada. La duda desconcierta y, ahí donde podrías pensar que no te traicionaban, terminas por traicionarte a ti mismo; donde piensas que nadie te ve, alguien te estará observando. Si no se está de acuerdo con la realidad que se vive hay que cambiarla, no se puede vivir en una mentira permanente donde siempre se encuentra el argumento perfecto para salir airoso o se da a entender de que se está en todo. Cuando crees engañar a todos, la mentira te descubre. Quizás te dejen mentir porque siempre habrá un espacio para el arrepentimiento y el cambio de dirección. No es bueno perder la perspectiva de dónde se tiene cada mano, porque se corre con el riesgo de invertir su uso. Cuando te escribo me recuerdo esas palabras que nunca debieron cambiarse; del uso al buen uso. Manifestar la integridad es el mayor logro para fortalecer el respeto; ahí donde se piensa que el otro se equivoca se halla nuestro mayor error. Cada persona tiene su base de hecho. Los quiero, piensa en positivo y feliz día. ©29/11/2014 La vida según Pipa II (J. Javier Santana)

No hay comentarios:

Publicar un comentario