miércoles, 26 de noviembre de 2014

Un carro, cuan pensamiento bueno sea, no camina solo.

Un niño es perfecto imitador; todo lo que ve, hace. Si le brindas raíces crecerá sólido y robusto, con principios; si le das alas, aprenderá a volar y será un adulto libre, capaz de dirigir su destino. Un niño siempre será un niño, porque nunca quiso jugar a ser mayor antes de tiempo y aprendió a que, ese tiempo, no tiene límites. Por momentos el pie lo ponemos donde no se corresponde, aunque al final contribuya a culminar con una etapa que debiera haberse acabado antes. Cuando le ponemos un pensamiento al universo, éste se confabula y conspira para que se materialice, y no existe obstáculo que valga aun se posponga o ralentice. La pregunta es si existe conformidad con la vida que has elegido, qué estarías dispuesto a transformar y qué desearías mejorar para, acto seguido, poner los medios. Nadie que quiera estar de pie, puede permanecer sentado. Qué va antes, la necesidad o el deseo: Se le bajó el potasio, pensó en plátano, se fue al mercado, cogió uno y cuando lo fue a pagar, no lo había pesado; el plátano pesa. Guste o no guste, al carro lo mejor es ponerle los caballos; aunque para ello vaya implícito la responsabilidad de alimentarlos. Uno ha de saber quién representa el motor y la fuerza de las riendas de su vida. Un carro, cuan pensamiento bueno sea, no camina solo. Cada carro tiene sus caballos, como pensamientos tienen sus impulsos y, cada cual por cada cual, ha de buscar los suyos. Los quiero, piensa en positivo y feliz día. ©27/11/2014 La vida según Pipa (J. Javier Santana)

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