jueves, 27 de noviembre de 2014

Toda fruta tiene su corteza; pero a la hora de comerla, su cáscara, queda fuera y se pudre.

Hay cosas que caen por su propio peso, aunque el poder de elección siempre primará por encima de todo. Todos disponemos de un cuerpo, pero no para todos representa lo mismo. Él está ahí, muy pegadito a nosotros y, hasta que no se queja, poco o nada de caso le hacemos. Acude con nosotros a todos los lugares. Ahora es el momento de preguntarte: si no te ocupas sanamente de él, dónde piensas ubicar tu alma. Toda fruta tiene su corteza; pero a la hora de comerla, su cáscara, queda fuera y se pudre. A cuántas cosas en la vida decidimos ponerle candado, qué se esconden detrás de ellas; seguridad, miedo, amenaza, tranquilidad. El candado puede ser signo de respeto e intimidad. Quizás no sepamos usarlo bien, ni siquiera elegirlo; lo cierto es que él se abre y se cierra a nuestro antojo. En ocasiones necesitamos cerrarlo a la primera, eludiendo posibles amenazas y solo lo abrimos ante aquellas circunstancias que nos ofrezcan seguridad y confianza. Cuando la intromisión no encuentra respuesta, abandona por sí misma sin que nadie tenga que decirle nada. Cada cual ha de saber cual es el espacio que le corresponde y solicitar con respeto la entrada donde nadie le haya llamado. En ocasiones nos sentimos agredidos, o ofendidos, sin percatarnos que somos nosotros mismos los agresores; pues no existe mayor amenaza que las negligencias de uno mismo. Se podrán encontrar huecos abiertos en la buena voluntad y bondad de otras personas para hacernos notar, pero si no se emplea bien, al final, eso se nos revierte porque siempre habrán ojos que nos observan. Pudo haber sido bello, pero lo que no pudo ser será para otra ocasión. Cuando nos dan sobradas razones que nos invitan al cambio, toca moverse y, sin mucha dilación, tomar las riendas de tu vida. Los quiero, piensa en positivo y feliz fin de semana. ©28/11/2014 La vida según Pipa II (J. Javier Santana)

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