miércoles, 12 de agosto de 2015

Aunque creas que la vida te da la espalda, simplemente te está invitando a que la sigas.

Nadie debería estar exento de llevar un libro encima, así sea solo para llevarlo; pues eso implicaría leer su portada o contraportada, alguna página aislada o simplemente por mera tentación e invitación a leerlo cuando menos se espera. Aunque pueda resultar extraño, se vive como se lee. Y es que los libros son un descubrimiento a la vida; hay quien dice que leer le cansa o no dispone de suficiente tiempo para administrar ese cansancio. La magnitud de un libro nos da la medida en cuanto al prototipo de calidad de vida que tenemos o deseamos. Quizás, para ese día que decidas darte cuenta, acabes por comenzar ese libro de tu vida que por mucho tiempo te has permitido tenerlo cerrado o arrinconado. Todo el mundo cambió después de leer un libro; su libro. Por otro lado, bueno es recordar que, el tiempo no es mi tiempo; el tiempo es de quien me lo da. El tiempo es de Dios, y ante Él todo se detiene. No es fácil; todo dependerá de quien figure en primer lugar para no ser el último. Él siempre está, nosotros somos los que estamos de ida y vuelta. Aún así, siempre espera; no se va. Difícil es verlo en los mejores momentos, justo cuando su presencia está más viva y presente. No nos angustiemos si no lo vemos, pues dispone de la suficiente autoridad para aparecer cuando más lo necesitamos; tras ese entonces, difícil será olvidarlo. Es lotería que acompaña al premio sin apenas jugarla; pasión por siempre en vela; mensaje anunciador del gran poeta; canción irrepetible; silbido en el tronar de los dioses. No cabe duda que los miedos son siempre fantasmas que nos acechan a cada paso que damos. Ellos viven muy presentes en nuestras vidas; según te haya acogido el vientre materno, así responderemos en la mayoría de las veces. Por esa misma razón, el valor es cuestión de pizarra; lo vamos aprendiendo a ganar tras verle la luz al sol. Cuando los miedos vengan, invítalos a tomar asiento en el salón de tu alma y dialoga con ellos. Quizás sean esos miedos los que terminen aprendiendo la lección más esperada; un día pudiste conmigo, al segundo, ya te pude combatir. Aunque creas que la vida te da la espalda, simplemente te está invitando a que la sigas. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, perdona y feliz día. ©12/8/2015 J. Javier Santana

* Me encantaría que leyeses 'Senderos Para Amar' en http://www.esebook.com/product/443007/senderos-para-amar

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