El amor es como el alcohol, todo depende de como se tome. Ingerido da alegría y, de forma moderada, nos levanta el espíritu; al tacto y con heridas, nos ayuda a desinfectar y, aunque suele escocer, en definitiva nos sana. Hagamos del amor como el alcohol; alegra el espíritu, purifica y al mismo tiempo sana. En cualquiera de los casos, cuando algo nos sucede es para nuestro mayor bien y los más grandes fines; todo es en función del color con el que se quiera ver o pintar. Que nos marque, destruya o fortalezca sólo dependerá de uno aunque los demás se empeñen en hacértelo ver de otra manera. Nadie, más que uno, es responsable de sus actos e incluso de lo que nos sucede; pues antes del hecho se tomó una decisión o se eligió. Aún así, ama siempre en cualquier lugar, en cualquier situación y en todo momento. Si nuestra actitud es la de estar siempre a la defensiva muy difícil será aprender de los golpes, y no hay chichón que con hielo no baje. Nuestros mayores adelantos han venido precedidos siempre de grandes golpes, y no se trata de ir a por ellos; los golpes vienen sin avisar. Crecer de lo que los demás desechan es síntoma de inteligencia, pues se supo ver y pulir el aspecto positivo que todo ser lleva consigo. No te preocupes por donde no te quieran, pues a la espera habrá siempre donde anhelan poder mimarte. Cuando algo de alguien no te guste, hácelo saber; pero no olvidemos de vez en cuando hacerle saber también algo que sí te guste; lo más difícil quizás, lo más efectivo también. No todo lo que se ve es como realmente es; todo radica en estar en el momento exacto para verlo. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, perdona y feliz domingo Día del Señor. ©23/8/2015 J. Javier Santana
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