La vida es un cuento de cuyo relato cada cual es su autor. Sus páginas pueden estar llenas de aventuras, comedias o tragicomedias, pero nadie nos podrá robar el valor de lo que nos enseña. Si observas tu cuento con mera superficialidad, será un cuento visto y no visto, carente de incertidumbre y muy plástico. Nadie nos puede garantizar que nuestro cuento tenga una continuidad, pero al menos sabremos que la página de hoy llevará el misterio que se corresponde y hasta donde toque. Si aún no has logrado dar alcance a la luna en tu cuento, al menos píntala; será el sello de tu imaginación para el día que la visitaste. Tu cuento es fantasía, y si no es fantasía, menos aún, es vida. El sabor amargo que deja la derrota solo se puede sobrellevar con esa dignidad que caracteriza el saber competir reconociendo con humildad la victoria merecida de nuestro adversario; la victoria es olvidadiza y no recuerda a costa de quién fue, ni que podía perfectamente haber ocupado el lugar de la derrota. Para saber ganar con dignidad, antes hay que aprender a perder con entereza; mañana se pueden invertir los lugares. Hay veces que no logramos ubicar bien nuestro espacio, ese lugar donde de alguna manera te sientes bien y eres acogido con amor. La mejor forma de saberlo es preguntándote a ti mismo como te sientes, y si llegas a la conclusión de que no estás cómodo, no lo dudes ni por un instante; muévete y reubícate, siempre habrá un lugar para ti. Hay gente que creen estar tranquilas allí donde no se les conoce, y se olvidan del olor que despiden. En la vida hay cosas que requieren de muchas lunas; la buena noticia es que el sol siempre lo tendremos ahí para recordarlo. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, perdona y feliz día. ©25/8/2015 J. Javier Santana
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