miércoles, 9 de julio de 2014

La auténtica confianza se manifiesta en las peores circunstancias

Ciertamente, la honestidad es un valor en desuso; el propio ritmo de nuestra sociedad actual te invita a dejar de lado un principio que nace desde la cuna. Por eso se hace tan necesario ejercitar cada día ese músculo capaz de abrir todas las puertas. Cuando haces un parón en tu vida para hacer un balance y extraer un inventario, la cuenta de resultados hablará por sí misma. Es en ese momento justo donde se empieza a fortalecer aquello que se hizo bien y a mejorar lo que no funcionó tan bien, con la salvedad de que si hemos aprendido a filtrar nos quedará todo el tiempo que la vida nos permita para iniciar una nueva aventura. El rédito de ir tras una utopía es que te permite estar en movimiento, rumbo en una misma dirección y siempre con las alforjas llenas. Los más pobres de todos los pobres, son los presos. No hay nada más pobre que no poder disponer de nuestra propia vida. Uno siempre es el artífice de su propio éxito o fracaso, y como tal hemos de actuar en consecuencia. La vida está llena de personas ordinarias, con una confianza extraordinaria que viven en pos de sus sueños. La auténtica confianza se manifiesta en las peores circunstancias, en las más difíciles. Esta es la mejor lección, que no sintamos nunca la necesidad de estar presos para sentirnos libres, pero tampoco hagamos por apresar nuestra conciencia en un marco de libertad fuera de una prisión. Libres en una prisión, presos en la calle de la vida; mal asunto. Hagamos pues un buen uso de nuestra libertad. "Mucha gente pequeña, haciendo muchas cosas pequeñas, en muchos lugares pequeños. Pueden hacer cosas muy grandes, pueden cambiar el mundo"  Cáritas. Los quiero y feliz día. ©10/7/2014 j. javier Santana

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