jueves, 16 de abril de 2015

Fluir con la vida, nuestra mejor maestra.

Una forma muy peculiar de denominar el amor, la de Charles Baudelaire, donde no carece de razón: bendito crimen es el amor que, sin cómplice, es imposible de ejecutar. Complicidad a la carta, donde el plato principal es uno mismo. Somos cómplices de nuestro amor, a la vez que recíprocamente somos cómplices del amor que manifestamos a los demás. Un crimen perfecto es el amor cuya secuela no puede ser otra que sentirse amado; si acabáramos en el amor, empezaríamos por conocer el verdadero sentido de la vida. Ama, luego vives. Todo lo que seas capaz de recoger, te lo llevas; y si lo das, se reparte. A veces no se sabe muy bien si somos nosotros quienes corremos detrás de las prisas o son las prisas quienes corren detrás de nosotros; lo cierto es que al lugar que nos llevan es al mismo, a ninguna parte. Mientras se corre tras la casualidad, la causalidad espera; de esta vida, difícil es marcharse sin heridas y no terminar acostumbrándose. Aunque se las lleve el viento, las palabras van y vienen, y se mantienen en el tiempo; pues hubo alguien a quién se le ocurrió escribirlas. Lo que acontece a veces de forma inexplicable en el presente, ocurre porque ya tiene su acto reflejo en el futuro; en ocasiones nuestro propio subconsciente así lo dispone y en otras es la propia providencia quién lo determina. No se queda un cuchillo de forma fortuita sobre una mesa, de seguro alguien vendrá detrás y le dará uso. Fluir con la vida, nuestra mejor maestra. Todos cada día participamos de unas olimpiadas; jugamos a favor de la vida con independencia del metal a conquistar. Apostar por ser mejores con nosotros mismos y disfrutar de todo aquello que decidamos hacer es la clave. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, perdona y feliz día mundial de la voz. ©16/4/2015 J. Javier Santana

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