Toda puerta que, por lo general, tenga un horario de apertura y clausura, si fuera de ese horario de clausura permanece abierta es señal de que alguien vendrá a cerrarla. Quizás nos toque esperar, nos asalte la desconfianza o el temor a que nadie venga mientras haces la espera y puedas quedarte atrapado en el interior o con las ganas de concluir un objetivo desde el exterior. No se está en un determinado lugar, aguardando un acontecimiento, por pura casualidad; algo nos estará revelando ese espacio de tiempo. Si sólo centramos la mirada en nuestros pensamientos, se nos escaparán todo tipo de detalles. Quién sabe esperar hasta el momento final, obtiene su premio; el regalo que sólo la madre sabiduría nos puede brindar. La única forma de saber en qué estado se encuentra una máquina es forzándola para ver hasta dónde es capaz de llegar. Te llevarás todo tipo de sorpresas; hay quienes abandonan antes de comenzar una partida o ponen sus reglas antes de tiempo. Vivamos los ejemplos. Allí donde una silla de ruedas es como darle un bastón a un manco, nos dirán: "Una silla de ruedas de menos peso para poder llevarlo a pasear no vendría mal" "por mí, y quien me sigue, no hay problema, terceras personas están lejos y, por tanto, lo tienen más complicado; me da igual un plan coherente, no me hacen falta los horarios para cumplir con mis responsabilidades". Luego vendrán quienes secundan a los que escurren el bulto y dirán: "Opino igual que mi antecesor, es más, hoy, como algo excepcional, voy a cumplir en un espacio de la tarde antes de ocuparme de lo mío". En un momento, en el que todo el mundo escurre el bulto, aparece quien, antes de comenzar la partida, ya necesita que ésta se acabe para concluir diciendo: "Las cosas han de ir con paciencia, vamos a dejar que respiremos todos, ya nos irán diciendo, que cuando hay que poner la carne en el asador, se sienten agitados, pues la vida ha ido fastidiado sus horarios y a veces ésta es caprichosa y les cambian los esquemas, todo sería mejor si jugáramos en otro tipo de cancha, más amplia, donde todos tuviéramos más espacio y de esta forma nuestras responsabilidades no estarían tan solas. No es bueno que se sientan agobiados, son personas inmaduras, déjalo por hoy, poco a poco, usan la coherencia, ya por hoy basta, tampoco se ha de ser pesado". Ante esta reacción conformista, cómplice de la desdicha de aquel que decide escurrir el bulto, se posiciona la entrometida excusa para justificar lo injustificable diciendo: "Yo creo que cada uno sabe lo que tiene que hacer con sus responsabilidades, eso de marcarme un horario con una función no está diseñado para mí, por mi parte no me gusta y me supongo que todos tienen cosas que hacer. Y qué pasaría si uno un día no puede cumplir con su responsabilidad, habría que decírselo a otro y a lo mejor esa persona no puede. No hay que agobiarse, se hace lo que se puede, pues cuando se tenga hueco asumiré la responsabilidad, tengo otras responsabilidades que atender que demandan mi escaso tiempo. Por tanto, cuando pueda con la silla de ruedas (el bastón para un manco) asumiré mi responsabilidad". Difícil es para el ser humano trabajarse la conciencia, por eso es que a algunos les toca el rol de irlas trabajando; especialmente cuando existen responsabilidades comunes que nadie quiere asumir o existen pretensiones para que éstas recaigan sobre aquellos que no tienen la capacidad de permanecer al margen, precisamente por conciencia, ética y moral. Las personas suelen tener mucha clarividencia para aquello que les convienen y no la aplican de igual forma para aquello que no les conviene. La comodidad, y malas costumbres, les absorbe. Sólo si por medio estuviera algún interés monetario, no habrían agobios con las responsabilidades morales. No hay excusas que valgan, el poco a poco se cuece y se cocina con iniciativa. La moral hay que trabajarla y las verdades se dicen de frente; porque, a una máquina, si no se le fuerza, nunca se sabrá lo que puede dar de sí. Las piezas gastadas se recambian, se reciclan o se desechan; lo que no se concibe es andar con un coche remendado. Donde no hay moral, no hay avance y si no se avanza se involuciona. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, perdona y feliz día. ©8/4/2015 J. Javier Santana
Gran Canaria es sinónimo de seguridad ciudadana, fantástica climatología, variopintos parajes naturales, gente sencilla y hospitalaria, cultura para las culturas, enclave comercial y turístico, abundante en lo que mana y rica en energías renovables, sabrosa gastronomía y cuna de grandes futbolistas, artistas y escritores. Amo al mundo como vivo enamorado de mi tierra. Ingleses y franceses fueron nuestros primeros turistas, crearon colonias importantes y dieron lugar muchas de sus costumbres.
miércoles, 8 de abril de 2015
No hay excusas que valgan, el poco a poco se cuece y se cocina con iniciativa
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