jueves, 28 de mayo de 2015

Las cosas hay que verlas con toda su magnitud, es la mejor forma de no perder detalle.

El aprender para enseñar como el enseñar para aprender, es una máxima que se ha de gravar a fuego. La primera actitud del que enseña es la de saber de su principal aprendiz; él mismo. Todos aprendemos de todos, somos maestros al tiempo que aprendices, y la principal lección que uno aprende es aquella que se enseña, porque no se puede enseñar aquello que no se sabe, se contrasta o vive. No hay escuela sin maestro, pero tampoco maestro sin alumno; uno es siempre en función del otro, formación continua. Las cosas hay que verlas con toda su magnitud, es la mejor forma de no perder detalle. Por uno que no comparte, son dos que no reparten; al final, alguien, se llevará la mejor parte. Lo que no quieras de mí, yo te lo ofrezco; la vida es un cruce de caminos. Miras a la luna y tiene sus protuberancias, pero es bella. Contemplas las montañas y tienen sus protuberancias, pero te atrapan. Miras el mar y tiene sus protuberancias, pero su inmensidad te envuelve. Pones el punto de mira en todo ser humano y no puede tener protuberancias, porque no es bello ni atrapa y menos aún envuelve. Lo cierto es que ocurre todo lo contrario, lo que hace bello, atrapa y envuelve de un ser humano son precisamente sus protuberancias, pues no existe ninguno libres de ellas; en lo físico, mental o espiritual. Con actitudes y sin ellas, con talento o sin él. Sé capaz de ver lo bello del que tienes delante y no tardarás en encontrar, en él, tu propia majestuosidad. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, perdona y feliz Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer. ©28/5/2015 J. Javier Santana

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