sábado, 16 de mayo de 2015

Para escribir claro, no son necesarias usar unas gafas.

No es casual que el verbo amar, o sonreír, sean de los más usados. No cesa el río de manar agua porque el afluente esté lleno. Un día sí, y otro también, amar como sonreír, han de ser como los propios latidos del corazón o el pulso de nuestra respiración. En un mundo que se empeña en secar los ríos, hay que seguir orando por las lluvias. Vamos a por amar y sonreír, de tal forma que, como diría Tarun Tejpal, "seamos invencibles". En ocasiones, para escribir claro, no son necesarias usar unas gafas. Uno no sabe lo que es o lo que puedes llegar a hacer, hasta que haces lo que nunca llegaste a imaginar que pudieras ser. El mundo se compone de múltiples partes y si estamos en él es porque también conformamos una pieza importante que lo ayuda a girar. Si hoy vuelves a reírte por cualquier cosa que te suceda, si llegas a casa y te pierdes en algo que te alegra. Si cuando vas por la calle te da risa el sombrero de alguien que pasa a tu lado, y si al salpicarte los pantalones con barro, te ríes porque sientes que los lunares no te quedan bien: la mitad de la batalla estará ganada. Has despertado de nuevo a tu niño, y el espera que así sea todos los días, porque es el encargado de mostrarte la felicidad en las pequeñas cosas y eso forma parte del gran misterio de la vida. Hemos de despertar a ese niño, necesita estar despierto y volver a reír, porque si él no ríe nosotros tampoco, si él no es feliz nosotros tampoco. Nuestro niño es la humildad como manifestación pura al estar exento de poder, pero por el contrario necesita de un cuidado continuo y amoroso. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, perdona y feliz día. ©16/5/2015 J. Javier Santana

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