No es más ciego aquel que no ve, que aquel que, aun viendo, se niega a hacerlo. La peor de las cegueras es la soberbia, esa nos aniquila, desahucia, nos abandona a nuestra suerte sin más premio que la soledad fruto del rechazo. A nadie le gusta la compañía de un soberbio, pues se sabe que un mal contagio de esa enfermedad se paga caro. El soberbio suele desconocer de su soberbia y muere siendo así, solo y sin saber que fue de su tiempo por la vida; sus recuerdos se irán con él, pues viendo morirá ciego. De lo grande, o pequeño, que quieras ser, dependerá del tamaño del corazón con el que te quieras ver. Creo coincidir con la mayoría de las personas sobre la forma de entender y ver a Dios; Dios es Amor. Por tanto, partiendo de dicho entendimiento, considero que no se ha de subestimar ni sobrestimar; se ha de interiorizar en su punto exacto. Si se subestima tendemos a creernos dioses y si se sobrestima tendemos a verlo por encima de los demás, o sea, no se es capaz de ver a Dios en nuestro semejante y por tanto se tiende a maltratarlo psicológicamente. Entender a Dios desde el extremismo es atentar contra las leyes que rigen su verdadero Amor, de ahí que cuando se nos pregunta si estamos enojados con Él se desprenda las veces que quien nos pregunta, y se delata, suele enojarse. Enojarse con Dios no es otra cosa que enojarse con uno mismo; establecer un punto de inflexión sobre quienes lo sobrestiman, es otra cosa. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas y feliz día por el respeto sobre los refugiados, cuando nuestras maletas solo han viajado de vacaciones. ©20/6/2015 J. Javier Santana
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