Una cosa lleva a la otra, antes de creer, se dudó; la duda no es un camino corto, sino constante. Nos pasamos la vida entera dudando de aquello que al final terminamos creyendo, de ahí que Oscar Wilde nos invite a vivir de una fresca, perenne y apasionante vida sobre la duda; sobre ella se cimienta la "belleza de la certidumbre". Es la constatación a permanecer vivo bajo la "sutil belleza de la duda". Dudas, luego crees; crees, luego has dudado. Todo avance lleva implícito un impulso, la distancia estará en función de la contraposición que se adopte; a mayor contraposición y dificultad, mayor distancia de alcance. Una pelota en la superficie del agua es una pelota muerta; la fuerza de empuje sobre una pelota sumergida en el agua será mayor cuanto más se sumerja. Hay que cuidar las formas de dirigirnos a nuestro auditorio. Si nos marcamos un patrón fijo es muy probable que nuestro lenguaje sea el más apropiado para una audiencia de sordos; aunque creamos ver que ellos están ahí y nos estén, más que oyendo, escuchando. Es entonces cuando el más sordos, entre los sordos, es el que habla, que ni siente ni se cree lo que está diciendo. De eso un loro es magistral, y además, simpático. El loro al menos interactúa. Lo más curioso es que cuando le preguntamos al auditorio de qué hablamos, todos aseveran saberlo: "hablas de tus palabras", que es lo mismo que decir, "no son las mías". Cuando nos encontremos ante un auditorio, primero analiza de cuál se trata y luego modela tus palabras acorde a él para que nuestro mensaje cale, de lo contrario, las palabras con su energía, serán palabras muertas y sepultadas cuya única profundidad será la nada. Escúchate pues, para que puedas ser escuchado. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, perdona y feliz día de lucha contra la desertificación y la sequía. ©17/6/2015 J. Javier Santana
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