Es posible que ayer te sintieras estresado, tenso o cansado, con una ligera apatía. Todos los días pueden parecer iguales, y en realidad nada cambia desde que amanece hasta que anochece, y quién sabe, quizás un día ya no transites en él; atrás habrá quedado el estrés, la apatía o el cansancio, ya no los necesitarás más en tu travesía, para ese entonces es que empezarás a mirar más hacia tu alma. No esperes para ese día, que ya no podrá ser ayer, cuando de sobra sabemos que, además de todo lo que llevamos, también llevamos alma; no la descuides. Más allá de tu mirada está el sol; ahí donde tú menos piensas, se darán cuenta de lo que escondes, el silencio te delata. Cuando damos, también hay que valorar lo que damos, porque nunca dejará de tomar su regreso. Si te quitas que sea lo que te pesa, no lo que te sobre. Es de un igual sin sentido pretender como invitar a alguien a cantar, y ponerle en sus manos un libreto en pésimo estado; de la misma forma que no se debe aventurar la finalidad de la abertura de un hueco, por el destrozo que produce su primer golpe. Un hueco se produce golpe a golpe, unos son más limpios y otros más estruendosos, pero hasta que no se culmine, difícil será saber su motivo y resultado. Si pretendemos que alguien cante a nuestro son, pongamos primero los medios. Juzgar sin saber es lo mismo que querer caminar estando sentado. Nadie hace nada obligado a menos que lo atenacen. Según Mahatma Gandhi, "todos tenemos más cosas buenas que malas", la diferencia radica en saber verlas. Cuando quieras algo de alguien, no insistas, sólo sugiérelo; si tu idea es buena, terminará por hacerlo. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, perdona y feliz día. ©18/6/2015 J. Javier Santana
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