viernes, 27 de junio de 2014

Somos parte de un propósito

Si a la distancia somos capaces de mantener nuestro hilo conductor, lo que por amor nos pertenece nunca desaparece. Si al soltar la cometa, la fuerza del viento parte ese mismo hilo conductor es que ese amor ya no era para nosotros; entonces, en libertad, hay que dejarle partir. De algo ha de valer la educación, no sólo es materia de valores y conocimientos; también, por supuesto, lo es de autonomía. Hay una roca que me habla, y desde lo alto una gaviota que serena, divisa las olas del mar. Permanece firme en su mirada, insólita y taciturna. Cada mañana entre sus idas y venidas, aletea y me espera, para contarme sus bonitas historias. En un ambiente relajado y silencioso, por donde los años parecen que no pasan, mi roca se ve perfectamente esculpida con las cálidas caricias del sol y las frías sales del mar. Me cuenta que por cada trozo que el cielo se lleva, hay una vivencia que contar. Nadie permanece impune tras una partida, nuestra retina siempre acogerá los gratos y mejores recuerdos. Si es así, cuando alguien nos ha lastimado de forma continua, es fácil ceder al placer reivindicador cuando esa persona tiene una desgracia. Por contra, no nos alegremos si cae o tropieza, más bien adoptemos una actitud compasiva, de perdón; confiar en los planes sencillos de lo divino, que pone a cada cuál en su sitio conforme pasa el tiempo. El amor verdadero puede medirse mediante el amor que mostremos hacia las desgracias de quienes no son agraciados. Aparentemente todo parece igual, el sol sale y marcha por su lugar de costumbre, el viento sopla con una misma intensidad, las nubes dibujan similares figuras, la marea se presta segura en su pleamar y bajamar, la luna se hace notar a la misma hora. Mi roca nuevamente me advierte que nada cambia, salvo las circunstancias. Tepperwein explica que para ser capaces de determinar nuestro destino es necesario desarrollar toda la potencialidad de nuestra mente, ser conscientes de nuestra energía interna, de cómo hacer volcar un mar de positividad que nos lleve directamente al éxito; liberando sentimientos de culpa, corrigiendo mentalmente errores del pasado y poniendo sobre el tapete la sinceridad con nosotros mismos y con los que nos rodean. Como el águila vuela firme y segura, hagamos volar nuestras circunstancias a nuestro favor con su mismo temple. Se puede, pues el hombre ha nacido para luchar, y es como se le define mejor diciendo que es un guerrero nato y que su vida desde el principio al fin no es sino una batalla. Puede ser un héroe tanto el que triunfa como el que sucumbe, pero jamás el que abandona el combate; así que ante la adversidad, siempre tesón para sobreponerse. Somos parte de un propósito. Los quiero y feliz fin de semana. ©27/6/2014 j. javier Santana


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