miércoles, 4 de febrero de 2015

El polvo de nuestra casa no se acumula fuera de ella.

En pocas palabras se puede describir toda una existencia sin necesidad de acudir al diccionario. La libertad es el bien más preciado por el ser humano, sin ella la existencia se vuelve agria; de ahí que todo lo que venga, que lo haga libremente. Pero de la misma forma que viene, si decide quedarse, que no lastime, y si lo que vio no le gustó, su estancia la haga corta; pues de lo agrio siempre sale algo dulce, no en vano la miel se mezcló con el limón, aun fuera para expulsar bacterias. Después de todo, da lástima la soledad labrada por la inoportunidad de algunas personas; por no decir impertinencias. Hay determinadas acciones que provocan, sin ser mal intencionadas, adversidades irreparables e irreversibles en el tiempo. Al final, todos pagan; unos antes, otros después. Cuida de cada acción y acude veloz para aniquilar la soberbia, un mal endémico de altas y graves consecuencias para quien la padece. Muchas veces se va buscando el sentido de la mala suerte en todo aquello que nos rodea, pasa el tiempo y los eventos se repiten, y puede incluso que nos vayamos de este mundo sin descubrir que el problema no residía más allá de nuestro propio ombligo. Cuando buscas fuera, empieza primero por dentro; pues casi siempre es lo que más cuesta encontrar o más tiempo se tarda. El polvo de nuestra casa no se acumula fuera de ella. Cuando empiezas a descubrir tus defectos en los demás, se nos abre un amplio abanico de opciones para destapar los nuestros. Todo aquello que ves no es más que lo que vemos desde la óptica de nuestros prismáticos; si observas que esas lentes nos acercan al objeto observado, te darás cuentas las manos que sujetan dichas lentes. Sé objetivo y empieza por ti mismo, lograrás un avance fuera de lo común; acercar tu imagen con tus propias lentes. Tu estado de agitación, mide cómo se encuentra tu pulso de vida. Como diría nuestro amigo Aniceto Giménez Contelles: "A menor agitación, mayor estabilidad del pulso". Todos los días me encuentro con un regalo, un pequeño milagro, y nace a la luz del Evangelio; no puedo más que sentirme infinitamente agradecido. Gracias mi Amado Jesús. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas y feliz día. ©4/2/2015 J. Javier Santana

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