sábado, 28 de febrero de 2015

Cuando las cosas no son como las imaginamos, hay que crearlas.

Buenos consejos del Dalai Lama; si no te respetas a ti mismo, difícil será que nos respeten los demás. Cuando se logra tener la capacidad de respetar a los demás es que ya empezamos a estar en disposición de respetarnos a nosotros mismos y, para que el respeto sea una flor que brote y fluya desde nuestra conciencia, se ha de ser responsable de toda acción que se acometa, por error o por acierto, para que acto seguido nazca el espíritu de corrección. Una insignificancia puede ocasionar un caos monumental, fruto de nuestro desconocimiento; al frente, un conductor novel. Si llegas tarde, haber salido antes; si se espera a que las cosas vengan dadas, se ha de estar dispuesto a recibir todo tipo de sorpresas. Cuando las cosas no son como las imaginamos, hay que crearlas y, si nos ponen obstáculos, da un rodeo y vuelve a empezar; con ello casi nadie cuenta. Si se nos enfría el plato en la mesa, solo tiene tres opciones; te lo comes frío, lo calientas o lo dejas tal cual, pues nadie vendrá a decirte lo que tienes que hacer con tu plato. Quizás todos no tengamos palabras para seducir, pero sí se tomen prestadas; muchas veces no son las palabras las que seducen, sino el seductor. Tanto al nacer como al morir, serán las palabras que combinan nuestro nombre las que permanezcan; mientras se vivió fueron quedando regadas y, allí dónde la tierra fue fértil, brotaron. No esperes por recoger la cosecha de tus palabras, no existirá mejor cosecha que aquella que dejamos sembrada. Cuando nos llevamos la fruta a la boca, nadie se acuerda de quién la cultivó. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, vive tu particular Cuaresma y feliz día. ©28/2/2015 J. Javier Santana

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