domingo, 1 de febrero de 2015

El vacío existencial es más grande que un televisor de plasma.

Todo en la vida, desde que se tiene uso de razón, es educable. Primero se nos educa, o mal educa; sea de una forma u otra, la responsabilidad pasa a nuestra mano cuando se nos ha enseñado a saber qué hacer con la pelota. Si sólo lanzamos de dos, con la mente, nos quedaremos sin posibilidad de lanzar de tres, con el corazón; cuando se tenga la pelota, será cosa nuestra saber que hacer con ella. Nuestra vida es a la medida de nuestros valores. No hago hoy ni un solo movimiento, y sin embargo alzo mi cabeza y digo: qué mágico invento. Hágase los cirros paso cuando atraviesa el sol su mar de nubes y dibuja un orificio con magistral silueta para que sus irradiantes rayos desprendan toda la fuerza de mi creación. Dibujo pues, como si de una acuarela se tratase, extraída del cielo las más brillantes de las pinturas convertidas al anochecer en diminutas estrellas fugaces. Sólo queda luchar, aunque de paso haya que esperar para hacer, poder y aceptar que todos los días no pueden lucir iguales. Cuando miro al cielo, con paciencia ya dice el refrán, la espera se logra infinita y a ella hoy me encomiendo. Más pienso disfrutar de cada instante presente y dejar crecer en el maestro la lección que se corresponda, no ocupar hoy de lo que sé de pleno estoy cubierto. Hablo de valores porque cuando oigo llorar por la pena, mis ojos ven donde el espíritu decide fijar la importancia, y no es precisamente por el don de la vida sino por aquello que de lo material poco o nada de felicidad nos brinda. El vacío existencial es más grande que ese televisor de plasma adquirido a precio de oro, aun nos cubra la pared entera. Nada nos puede hacer más felices que un corazón a plenitud. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, feliz domingo y bienvenido febrero. ©1/2/2015 J. Javier Santana

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