Cuando nos ponemos frente al mar, sólo vemos su inmensidad; pero difícilmente reparamos en el hecho de que esa inmensidad está creada por múltiples microgotitas de agua. Así es todo. Cuando experimentamos un cambio, no ocurre de forma puntual; ya se estuvo gestando. Si logras vivirlo por momentos de forma consciente, en cámara lenta, se convierte en mágico y revelador. Si no se dispone de una necesaria calidad humana para estar en el lugar que se corresponde, hay que asumir cualquier otro lugar como bueno; el premio, una clara invitación a la reflexión y nuevo examen de conciencia. No se llega a la cima por casualidad, como tampoco te deslizas por los desfiladeros de forma gratuita. Todo lleva premio, como precio. Luego habrá quien te recordará como llegaste o por qué te deslizaste. Por supuesto que siempre quedará tiempo para volverlo a intentar, pero de este ruido ya no te libra nadie. Aprende para crecer; porque, aún creciendo, nada existe al margen de sorpresas y peligros. Una vez en la cima, hay que trabajarla para mantenerse; pues siempre habrá alguien o algo que no dudará en devolverte al lugar de donde has venido, empezando por uno mismo. Hay momentos donde la vida nos pone en la tesitura de negarnos a nosotros mismos. No es una cuestión de renunciar a lo genuino o valioso de nuestra originalidad como personas. Nuestras virtudes viajan con nosotros para ser transformadas en talentos, al servicio de uno y a su vez de los demás. La negación a nosotros mismo parte de abandonar aquello que nos hace ser egoístas. Hemos de negar una visión pequeña de la existencia y hacerla algo más abierta. Por tanto, si nos encontramos en medio de una experiencia de lavadero de coches, donde por un extremo pasas impregnado de porquería y por el otro sales bien lavadito y limpio; no lo dudemos ni por un instante y aprovechemos la oportunidad para abandonar en ese lavadero todo aquello que ya no nos servirá para el viaje. Todo saldrá bien, pues un túnel de prueba puede generarnos un testimonio muy brillante. Los quiero y feliz comienzo de semana. ©4/7/2014 J. javier Santana
Gran Canaria es sinónimo de seguridad ciudadana, fantástica climatología, variopintos parajes naturales, gente sencilla y hospitalaria, cultura para las culturas, enclave comercial y turístico, abundante en lo que mana y rica en energías renovables, sabrosa gastronomía y cuna de grandes futbolistas, artistas y escritores. Amo al mundo como vivo enamorado de mi tierra. Ingleses y franceses fueron nuestros primeros turistas, crearon colonias importantes y dieron lugar muchas de sus costumbres.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario