lunes, 4 de agosto de 2014

La vida en sí misma es un manantial de gracias

Es la palabra gracias la primera que ha de sonar de nuestros labios, o conciencia, al despertarnos en la mañana. Desconocemos cuando lo haremos por última vez. La vida en sí misma es un manantial de gracias que, si no se sabe apreciar, es como tener sed delante de ese mismo manantial y no saber saciarla. Hay veces que oímos un mensaje sin entender y vemos sin mirar. Aspiramos a tener luces para, de alguna manera, acercarnos a quienes carecen de ella o tienen muy poca. El milagro de la luz sólo llegará, en muchos momentos, si logramos transmitirla. Un fiasco importante en nuestra vida, no significa que toda nuestra vida sea un fracaso. Cuando el mal y el bien entran en una lucha interna, el mal se nos pega como un pulpo y es capaz de hacer verdaderos estragos; pues entra en cólera cuando no alcanza sus objetivos. Mientras tanto, el bien se escandaliza cuando ve reflejado en los demás el mal que lleva dentro, dando pie a enfermedades y a refugiarse dentro de su propio caparazón para evitar encontrarse con el bien de frente. Por tanto, las oportunidades de sanar están para saberlas coger en el momento en que se dan, a pesar de que existan resistencias a la luz. Sin apenas saberlo, solemos subir en ese tren que no esperábamos; pero que a la postre resultó ser nuestro tren y entonces, irremediablemente, tocó poner a bordo todas nuestras capacidades. Los quiero y feliz día. ©5/7/2014 J. javier Santana

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