Tantos los gritos como los prejuicios no sólo "ensordecen el corazón, bloquean el pensamiento, destruyen el respeto y nos vuelven violentos", sino que además aniquilan todo espíritu de bien y a toda alma que, de forma pausada, observa la vida desde otro prisma. Antes de emitir un grito, o condenar con un prejuicio, mírate a ti mismo; ese grito, o prejuicio, lo único que hará es hablar claro de lo qué somos y cómo somos. Cree el dedo acusador, la voz destructora, que todo el mundo es de su condición. A veces te llegas a preguntar dónde estarán los que se hacen llamar grandes y verdaderos amigos, y no sé por qué todos se encuentran en el mismo lugar; no se encuentran. Cada segundo de nuestras vidas tienen su vital importancia. Unos construyen, otros sueñan y ambos suman para definir. La vida no tiene quién la espere, pues siempre estará en movimiento. Aprender a llevarla es la clave, pues no existe un patrón fijo; salvo que decidas hacerla monótona. No es lo mismo vivir que estar viviendo; pues nunca se termina de aprender todo lo que se ha venido a enseñar. Hoy podrá ser un día como otro cualquiera, razón de peso para no desaprovecharlo; aun en el empeño de ver las cosas en blanco y negro, todo es en un contraste de colores. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, perdona y feliz comienzo de semana. ©20/7/2015 J. Javier Santana
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