No existe un momento malo, existe un momento de aprendizaje, de crecimiento; pues dónde, si no, van quedando esas bellas palabras de amor que durante todo aquel tiempo de momentos buenos fue construyéndolo, no pudo ser sólo para adornar los recuerdos. Cuando se está creciendo, ese crecimiento en sí mismo hace crecer también todo tipo de relación afectiva; quizás el momento de reconciliación sea una invitación en toda regla a empezar a construir de otra forma, si lo esencial está, el amor, todo lo demás es salvable. La primera pregunta que nos hemos de hacer es si aún pervive el amor en nuestro corazón, porque cuando de verdad se ama, todo lo demás cabe. Sí es cierto que por momentos una relación afectiva se enquista, se hace muy dependiente la una de la otra y eso se percibe en ambos y en el ambiente; es muy normal en el proceso inicial de una relación. Si existe verdadero amor, ha de haber verdadera comprensión y reconciliación. Se vive, pues, el momento para afrontar una nueva etapa y la solución para avanzar siempre partirá de los amantes; nunca del resto del planeta. Cuando de verdad se ama, no se debe ni se puede dejar escapar el amor mutuo, aunque por momentos haya que refrescar para equilibrar la balanza; no pensando que la situación es perfecta porque no nos exige estirarnos o no se tiene la presión de ese compromiso de respeto entre ambos; pues esa perfección es engañosa, involutiva y carente para el desarrollo de valores. El camino, en todo proceso de aprendizaje, es relativamente corto, aun intenso, y en él suelen llover, como si de fuegos artificiales se tratara, todo tipo de máximas, consejos, impresiones y, por supuesto, los particulares criterios. Todas se aunan para incorporarse en la mochila de la vida, prestos para un nuevo aprendizaje dentro de una nueva etapa. Estirarse como crecer, duele; un dolor siempre llevadero. En ello va la madurez y el crecimiento personal; pues nos aguarda la siguiente estación. Cada día amanece diferente, aunque parezca que los días sean iguales, repitas las acciones o se pretenda copiar lo que hicimos ayer, son diferentes. Le hemos ganado algo a la experiencia y despejado alguna incógnita al futuro. Lo que nunca se repite es el presente. Cada día nuevo que vivimos trae un nuevo matiz. El presente es lo inesperado, la sorpresa, una ilusión y la respuesta clara de que continúas con vida. Todo lo que somos hoy, se cocinó en el presente. Le damos gracias al pasado, mientras el futuro aún pretende confundirnos. Porque cada día luce distinto es que podemos corregir; el presente nos marca la distancia y la altura de ese nuevo día. Con respecto al ayer vivimos en el futuro y somos la esperanza; con respecto al mañana vivimos en el pasado y somos esa oportunidad de cambio. Todas esas connotaciones hacen que cada historia conformen una nueva y gran historia. La vida no tiene desperdicios y cada acto conlleva consigo una nueva aventura reciclable. No se trata sólo de respirar, sino de llenar tu respiración de verdadero sentido; fortifica nuestro espíritu y nos permite saborear las mieles de nuestra esencia. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, perdona y feliz día. ©28/7/2015 J. Javier Santana
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