Todo es superable cuando se desea de corazón superarse. El tiempo que se decida alimentar aquello que frena nuestra paz interior es tiempo que ya no vuelve. Nadie vivió ajeno al enojo, la maldad o mentira, el ruido que nos alejó del silencio, o el odio del amor; ellos irrumpieron en nuestras vidas para enseñarnos que, vivir en sus contrarios, nos proporcionarían mejor calidad de vida. De ahí que, todo lo que venga a nuestras vidas, hay que dejarle que pase para seguirle de cerca y no permitirle que nos saque de ella. Cuando te sientas frente al mar y cierras los ojos, estás sintiendo; cuando los abres, ya estás pensando. Por eso se dice que siente más el que no ve, que aquel qué, aun con los ojos abiertos, es incapaz de ver. Nadie va a una fuente con el propósito de tomar agua salada; saber lo que se quiere, es entender cómo se llega. Sólo tenemos miradas para los que no nos ven, pero a menudo solemos olvidar donde los demás ponen las suyas y por qué. Estamos tan ensimismado en nuestros asuntos por resolver, que cuando se resuelven seguimos anclados en esa situación, sin tener en cuenta la ayuda que podemos también proporcionar nosotros a los demás. Intentemos no buscar la mirada del otro, hagamos por poner la nuestra y, si es posible, en positivo. Quizás no nos gusta que nos atiendan primero como tampoco que nos evadan; tan solo se requiere que sea en el orden justo de llegada. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, perdona y feliz día. ©21/7/2015 J. Javier Santana
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