viernes, 3 de julio de 2015

No existe la naturaleza muerta; ahí donde muere una hoja, nace viva la flor.

"Dos años para hablar, sesenta para callar", Hemingway. Claro que el tiempo entre una cosa y otra es siempre personal, lo que no queda fuera del tiesto es que, día arriba, día abajo, es así. Cuánto nos cuesta callar, tanto como nos gusta hablar. Y no será cuestión de renunciar al lenguaje como excelente medio de comunicación, es más una cuestión de cultura, civismo y criterios a la hora de utilizar nuestro lenguaje. Mide lo que hablas porque ese será el tamaño de lo que callas. Dónde hay entusiasmo, el carro empuja. Por supuesto que también existen múltiples formas de entender el entusiasmo, hay quien lo vive desde el silencio o en segundo plano, su mera presencia ayuda y estimula a seguir hacia adelante. El entusiasta siempre sabe lo que se necesita tener a mano para encender la chispa, sabe de la importancia y la necesidad de recargarse porque conoce a la perfección el fangoso camino de la apatía; como tampoco pone oído a palabras que inviten al abandono o a todo ápice de negatividad. Sabe esperar el momento porque es conocedor de que nuestras vidas están plagadas de momentos entrañables, de instantes mágicos. Disfrutar de ellos es lo que le hace tener un semblante u otro, un colon más o menos irritable y, por consiguiente, una buena o mala salud. Gozar del instante mágico es como saborear un helado justo en el momento en el que está a punto de agotarse, y eso el entusiasta también lo sabe. Dale una oportunidad a tu entusiasmo y tu salud te lo agradecerá; elige tu mejor forma de entusiarmar, no tienes por qué copiarla, simplemente vívela a tu forma con tu presencia, sencilla y natural. No existe la naturaleza muerta; ahí donde muere una hoja, nace viva la flor. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, perdona y feliz día. ©4/7/2015 J. Javier Santana

* Me encantaría que leyeses 'Senderos Para Amar' en http://www.esebook.com/product/443007/senderos-para-ama

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