No fue corto el listón marcado por Beethoven al catalogar la bondad, "inclinación para hacer el bien, comportamiento virtuoso", como "único", o sea, exclusivo, símbolo de superioridad. Puestos en las manos virtuosas de la Madre Teresa de Calcuta, no es para menos; pues, bajando hasta los umbrales de la pobreza, su corazón humano nunca tuvo límites. Más allá de la bondad, no existe "símbolo de superioridad", más grande, capaz de conquistar lo más integro que el ser humano puede poseer; el corazón. Tan grato es esparcir los granos de maíz, como ver a las palomas comérselos. Ahora bien, cuando lo haces no te estás garantizando que vengan todas a comerlo, que a todas les guste y que siempre sean las mismas. Lo verdaderamente importante es que siempre haya al menos una, por la que valga la pena esparcir los granos. Esa será siempre la más importante; porque valorará tu esfuerzo, como tú su cortesía al sentirse agradecida. Si un día dejas de esparcir, puede que haya alguna paloma que se quede sin comer; y eso, a las que ya comieron, poco les va a importar, pues ya se sienten saciadas de tus granos de maíz y ahora sólo se ocupan de visitar otros parques. Eso es ley de vida, aquí y en el más allá, y el que no lo entienda estará perdido. Lo que nunca se ha de perder es la ubicación que a cada cual le corresponde; ayer como paloma, hoy como esparcidor. Todo tiene su momento, y casi nunca se corresponde con ese momento que nosotros consideramos debiera ser. Luego, nada tiene por qué precipitarse. Cuando uno se embarca es consciente de que paga su billete con lugar de destino, fecha y hora de llegada, al tiempo de que es conocedor de que el timón no figura en nuestras manos ni los imprevistos tampoco. Si las inclemencias de la travesía nos hace naufragar, muy probablemente nuestro destino será otro al planificado y pagado previamente. Entonces es cuando entran en juego nuestras capacidades y salen a flote las limitaciones; ellas toman su protagonismo y de ellas dependemos para la supervivencia. En el día a día nos pasa igual. Lo que no deja de estar claro es que será lo que tengamos que vivir lo que hará el momento, no somos nosotros haciendo del momento lo que deseamos vivir. Por eso es que hay que estar permanentemente en alerta y muy claro en los reveses. No existen garantías en los que hoy nos dicen adiós como mañana terminen por esquivarnos, es ley humana de la que sólo se hace uso a la carta. Goza de cada momento que vives porque es exclusivo, amén de que es lo único que realmente nos pertenece. Todo lo que ayer fue un simple suspiro, hoy es una bocanada de aire; la chispa del instante. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, perdona y feliz día. ©29/7/2015 J. Javier Santana
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