Es inagotable el manual para interpretar los días que se suspira y cómo suspiramos. "Feliz el que soñando muere", o sea, sueña hasta tu último aliento nos diría la poeta gallega Rosalía de Castro; pero no se queda ahí sin antes hacer una mención a los muertos vivientes "desgraciado aquel que muere sin soñar" o haber soñado, diría yo. Una y otra vez, hablar de sueños es una constante en nuestras conciencias, ayer, hoy y siempre; porque vivir sin un sueño es no vivir, no saber vivir; es vivir sólo para morir, y no está más muerto aquel que, por estar bajo tierra, aún nos sigue soñando. Sueña y te descubrirás vivo, y no importa la magnitud de tu sueño, si lo consigues o no; el simple hecho de soñar ya lleva implícito el logro de ese sueño. Sueñas, y por ende, vives en la felicidad de sentirte vivo. Si alguien nos preguntara quiénes somos, contaríamos un poco de nosotros y de lo que hacemos. Por ejemplo: "soy consultor inmobiliario" o "soy enfermero". Sin embargo, eso no es lo que realmente somos, sino lo que hacemos. Lo cual lleva a preguntarnos si lo que hacemos es lo que realmente somos, ¿quién seremos cuando dejemos de hacer lo que hacemos? Quiénes somos surge de nuestra relación entre nuestro interior y el Creador, y ese sentimiento de identidad determinará nuestra conducta. Nadie puede ser esclavo de su identidad; cuando surge una posibilidad de cambio, hay que cambiar. La toma de decisión para afrontar el cambio ha de ser una con el Universo. Cuando se nos pide es porque se sabe que tenemos, cuando se nos llama es porque se sabe que podemos responder, cuando se nos busca es porque se sabe dónde encontrarnos. Ahora bien, nuestra decisión siempre será libre. De las situaciones nos valemos para aprender, y si de paso enseñamos, mejor. No existe aislamiento entre las cosas. Cuando aparecen los prejuicios, vienen siempre acompañados de nuestros propios intereses personales, en el ánimo de justificar, en cierta medida, lo que no deseamos hacer. Aparentemente es mucho más fácil, pero lo que realmente cosechamos es atraparnos mejor en nuestros propios errores. La coherencia puede formar parte de una apuesta firme para nuestro crecimiento como ser o alma libre; pues es la única responsable que nos ayudará a evitar perder el norte. Si el tiempo no te enseña la verdadera sabiduría, es que éste te pasa y tú no adivinas a verlo. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, perdona y feliz fin de semana. ©17/7/2015 J. Javier Santana
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