domingo, 12 de julio de 2015

Si a tu vida no le pones acento, tendrás una vida falta de tono.

Cierto es que sobre el bien y el mal se puede relativizar, pues es bastante subjetivo a la hora de ser interpretado por quién, para quién o en base a qué; bien diferente es, según Buda, y comparto, la interpretación en sí misma que conlleva diferenciar entre conocimiento e ignorancia, pues ahí no existe relatividad que valga; o se tiene conocimiento de las cosas o se ignoran, una es condición 'sine qua non' de la otra, y justo ahí reside precisamente ese conflicto que observa Buda. Creemos sabernos conocedores de determinadas cosas, cuando, en realidad, lo que tenemos es plena ignorancia de las mismas. Se puede saber de todo como de nada, pero saber de lo que no se sabe tiene su propio calificativo; ignorancia. No es el peso de lo que pesa lo que realmente pesa, sino la distancia a recorrer con el peso de lo que pesa. Y es que no hay mayor alivio que el de aligerar todo tipo de peso, especialmente el emocional; dicho sea de paso, el que más cuesta. De sobra se sabe que sólo existen dos vías para aligerar este tipo de carga: no anidar resentimientos como principio y, por aquello de lo que pudiera pasar si nos falla dicho principio, hacernos con una buena dosis de perdón. Es insoportable llevar una carga innecesaria. Es más, si no estamos en alerta permanente, el resentimiento se nos cuela sin apenas percibirlo. Igual que la grasa al cuerpo. Y es que una vez se nos incrusta, difícil es sacudirla. Qué levante la mano aquel que nunca lo haya tenido. No es fácil hacer la compra sin una lista, pues siempre se corre el riesgo de que se nos quede algo sin comprar. A nadie nos gusta llevar peso encima, de la misma forma que a nadie le gusta el esfuerzo que lleva quitárselo. Si el cuerpo requiere del ejercicio físico para liberar grasa, nuestro corazón no lo es menos. Todo necesita de un esfuerzo y el primer paso es subirte sobre la báscula emocional para saber en que peso te encuentras. El segundo, cuidar la dieta, con lo cual comienzas a restringir determinados alimentos nocivos como el odio, rencor, envidia, etc. El tercero, beber agua en abundancia de la fuente de algún libro positivo que nos ayude a liberar esas tóxinas acumuladas. Cuarto, hacer ejercicio diario y tomar el hábito de observarse para ver dónde se encuentra esa grasa emocional y quemarla. Por último, cambiar tu vestidor; ahora llevas otra talla y eso irradiará positividad sobre tu persona y la de los demás, de tal forma que no dudarás ni por un instante en perdonarte y perdonar. Si a tu vida no le pones acento, tendrás una vida falta de tono. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, perdona y feliz domingo día del Señor. ©12/7/2015 J. Javier Santana

* Me encantaría que leyeses 'Senderos Para Amar' en http://www.esebook.com/product/443007/senderos-para-ama

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