lunes, 1 de diciembre de 2014

Cuando somos objeto de falta de respeto, mucho tiene que ver con el hecho de haberlo perdido.

Existe multitud de verdades, tantas como personas hay en el mundo; pero están las verdades universales, esas que valen tanto para unos como para otros. Entre ellas está aquella que aplicándosela a los demás, nos cae a nosotros; se hace muy difícil recibir el apoyo del otro cuando tus manos apenas salen de los bolsillos. El que se queda plantado de brazos, plantado lo dejan; si estás en el árbol recogerás de sus frutos. El día que te veas perfecto, no te saldrán granos en la cara; en la imperfección está la perfección. Ante la falta de respeto no se puede ni se debe permanecer impasible, pues habrá que saber escoger la forma más adecuada e inteligente para contrarrestarla. Cuando somos objeto de falta de respeto, mucho tiene que ver con el hecho de haberlo perdido. Cada cual tiene unos valores que dan, quitan o permiten recuperar ese respeto. También es verdad que cuando nos creamos un modelo de perfección sobre los demás y ese modelo se ve también errático, incrementan los mecanismos para atacar ese modelo, llegando incluso a rozar la mofa. Cuál ha de ser por consiguiente nuestro modelo de actuación; mantener una distancia fría con aquello que se considera no se está usando adecuadamente. Existen personas que viven de forma gratuita y permanente molestas con el mundo cuando no se les atiende como les gusta, personas que por lo general necesitan saber cómo les gusta a los demás que se les atienda; dicho sea de paso, la mejor forma de no sentirse molesto ante determinadas acciones de los demás. A las espaldas nadie queda exento de críticas, unas favorables y otras no tanto; pues cuando se atraviesa por un campo de tiro se está dispuesto también a que nos disparen. No se puede caer bien a todo el mundo, de la misma forma que cuando llueve no lo hace a gusto de todos. Los quiero, piensa en positivo y feliz día. ©2/12/2014 La vida según Pipa II (J. Javier Santana)

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