lunes, 29 de diciembre de 2014

Para empatar hay que equilibrar; no siempre se gana como tampoco se pierde.

Nadie vive exento de miedo, es una emoción que brota del seno materno de forma natural. Unos más, otros menos; la diferencia radica en cómo se gestione dicha emoción. Si es un mecanismo de defensa, éste es pasajero; si por el contrario éste nos anquilosa, termina por dominarnos. La vida puede ser igual de maravillosa si tú decides que ésta lo sea; del miedo nadie se libra, salvo uno mismo. Cuando en la selva no le caes simpático a los leones, tienes que sobrevivir como un tigre. En un mundo de cuerdos, a veces, hay que ir un poco a lo loco pero sin perder los sentidos. Para empatar hay que equilibrar; no siempre se gana como tampoco se pierde. Todo es equilibrio. El apoyo siempre es necesario en cualquier situación, y nadie puede sobrevivir sin él; la virtud está en saberlo descubrir y en tener la suficiente humildad para aceptarlo. A partir de ese momento, te podrás descubrir ganador o perdedor, entenderás su transcendencia y la clave que te aporta el hecho de haber aprendido a reconocer tu verdadero estilo. No lo dudes, siempre que hagas un bien, éste te vendrá infinitamente multiplicado. Así que, si te cuesta o llevas tiempo sin hacerlo, no te quejes de tu mala suerte; de la buena, como de la mala, solo tú eres su creador. Los quiero, piensa en positivo, gocemos de la Navidad cada día y feliz martes. ©30/12/2014 La vida según Pipa II (J. Javier Santana)

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