domingo, 4 de enero de 2015

Ama hasta que el amor se gaste y, una vez se gaste, súbete a la rueda de su noria y vuelve a amar.

El Espíritu de Dios es como el viento, se siente, se oye al pasar. Todo acto se simplifica con ternura, y la ternura no es sinónimo de estupidez ni es solo para unos pocos iluminados. Un beso, una caricia, una mirada o un abrazo se brindan y no por esa razón le escondemos las verdades al mundo; decirlas habrá que decirlas, pero puestos a ello hagámoslo con ternura. Nunca supe de nadie que usándola, honestamente, perdiera la partida. Sé tierno, y si no lo logras a la primera, inténtalo cuantas veces lo consideres necesario; tienes toda una vida, tu vida. Qué más da los días de odios que lluevan sobre tu cabeza; qué importa cuánto rencor gire alrededor de tu alma; qué indiferente nos debe de resultar aquellas palabras cuyo contenido estaban fuera del contexto del verbo amar, porque no existe mejor antibiótico que una buena dosis de amor cada ocho horas, sin receta médica y de por vida. Por mucho que nos digan: "para qué quiero yo eso", ama aunque, en palabras de Benedetti, solo sea "en defensa propia". Sabemos que el carbón por sí mismo no prende fuego, pero una vez prendido el fuego sobre el carbón obra milagros. Cuando sabes por dónde se te rompen los pantalones, apresúrate y ponle un parche. Ama hasta que el amor se gaste y, una vez se gaste, súbete a la rueda de su noria y vuelve a amar. Los quiero, piensa en positivo, gocemos de la Navidad cada día y feliz comienzo de semana vísperas de Reyes. ©5/1/2015 J. Javier Santana

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