martes, 27 de enero de 2015

Queriendo empezar, no se empieza nunca.

No existe una máxima para todo, aunque todo pueda tener una máxima. Difiero con José Emilio Pacheco sobre la idea de que "si no se lee no se puede tener lenguaje". No cabe duda que la lectura ayuda, y mucho; para decir verdades solo basta con saberlas y saberlas decir en el momento justo y lugar adecuado; para ese entonces los límites del pensamiento no encontrarán obstáculos en el lenguaje, aun las palabras en el aire no lleven tilde. Queriendo empezar, no se empieza nunca; para empezar no hay otra más que empezar. En una relación de dos es de sentido común pensar que ambas vienen de diferentes mundos y que, una vez unidos, conforman una nueva aventura donde uno de los dos se puede transfigurar y, en el propio proceso de la relación, terminar por convertirse en torero; no gustando a la otra parte la tauromaquia. A partir de ese momento será cuestión de ambos que decidan continuar por la misma senda o que cada cual tome el destino por su cuenta. Desde la óptica del miedo no se puede sobrevivir a lo que ya no se sostiene, y la mejor forma para afrontarlo es poniéndose, o preguntándose, qué es lo peor que me pudiera pasar si afronto con valentía, de frente y con coraje una determinada situación que me está obligando a dar ese paso determinante y desde la incertidumbre. Cuando nos ponemos en dicha situación los pulmones se abren y le damos aire al alma; ya no hay miedo. Con la efímera amistad de los miedos se cometen todo los tipo de errores, habidos y por haber, que solo nos llevan al fondo del pozo. Cuando se es consciente de naufragar en el pozo, lo mejor es aprender a nadar o estirar la mano en busca de que alguien nos brinde su ayuda. Puede que hoy sea ese día marcado por las olas de un denso mar, ahí donde el barco navega a la deriva; así las gaviotas le sigan el paso en su destino. Es sublime el infinito cuando quien canta ya no responde, pues se tiende a agitar el paso cuando se saben estar de paso. Pide ayuda cuando la necesites y mata la soberbia; nadie vive ajeno a esa necesidad de ayuda cuando el miedo toma su trono. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas y feliz día. ©28/1/2015 J. Javier Santana

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