domingo, 11 de enero de 2015

No se dibuja un corazón en un árbol por casualidad.

El debate de la fe se reduce al amparo del amor. Cuando amas estás, de alguna manera, creyendo en Dios aun no tengas conciencia de ello. Al fijar un destino, se cree en él; independientemente de la vía que se elija para llegar hasta ese destino. Si en el trayecto ofreces tu mano a los demás, estás amando, creyendo; si por el contrario, en vez de la mano, pones el pie para zancadillear, lo que estás haciendo es cualquier otra cosa menos amar. Con Dios o sin Él, lo primero es el verbo amar y bien conjugado se dará por añadidura. Ciertamente el amor es hermoso, una gracia, un regalo al alcance de todos y de la mano de unos pocos. Quizás por no entenderlo o por un poco de todo, al final, por no entenderlo; no se dibuja un corazón en un árbol por casualidad. Se puede vivir bajo el manto oscuro del miedo, ese que se nos resiste cuando la vida nos pide saltar hacia adelante aun fuera al mismísimo vacío. Todo, cuando no se tiene, ofrece más que nada. No conocía el caballero de la armadura oxidada lo que depararía su destino, pero sí decidió, al menos por un momento, despojarse de su armadura; pues si de algo él estaba seguro era de no continuar con aquel traje que le asfixiaba. Luchar en contra de nuestras emociones positivas es dañar y destruir nuestra auténtica esencia; negar el derecho a la felicidad por existir. Una vida de aparente tranquilidad, no deja de ser menos fácil que aquella por la que se arriesga. Jugar a ganar o perder, cuando lo que se juega es crecer; no hay nada que perder y está todo por ganar. Los quiero, piensa en positivo y feliz comienzo de semana. ©12/1/2015 J. Javier Santana

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