Sabias palabras de Don Francisco Benavente, "el mal no entra nunca cuando el corazón está sano"; llámese "corazón" al alma y, por ende, no existirá peligro ni riesgo alguno a la inteligencia que venga de la mano de un buen libro. No hay mejor salvoconducto que uno mismo cuando decide qué traspasa nuestra mente y qué no. Claro qué, antes del salvoconducto, aquello era lo más parecido a una constante jornada de "puertas abiertas", donde todo se colaba a sus anchas. Si aún no posees tu salvoconducto, observa quién te entra en tu vida, y cómo, y si de un juego de llaves se tratara, hazla a la medida de tu cerradura y permite sólo cuantas copias consideres; pues siempre se estará a tiempo de volver a cambiar el yale. Sabemos cómo suelen ser las cosas para con nuestros hijos, ellos como nosotros, y el resto del mundo, tendrán que atravesar su particular desierto; nosotros sólo estaremos ahí para servirles de faro, aún ellos lo vean apagado. Un día despertarán y nos dirán: gracias papá por estar siempre a mi lado con la luz a distancia encendida, aunque mi tozudez y forma de proceder así no lo viera. Fuimos hijos también y, en menor o mayor medida, cometimos grandes errores. Es muy simple de comprender, no se requiere de otra escuela que la educación familiar. Por momentos, a nuestros hijos, hay que hablarles así, ellos algún día también serán padres; pues nunca se es consciente de que se está en un más que personal desierto. Nuestro faro les podrá indicar dónde encontrar agua en el desierto, que lo atraviese o no, al final, dependerá de ellos, y que tomen agua de ese oasis también. Un faro se divisa a lo lejos, pero se percibe cerca; así ha de ser nuestra actitud. Ocurre también, por otro lado, que por momentos queremos ser faro al tiempo que deseamos atravesar su desierto, inclusive una vez fuera del faldón. Nadie puede hacer el desierto por nadie, podrás servirle por momentos de compañía y, a veces, no captan bien el sentido. Si no somos lo suficientemente hábiles nos terminan tomando por camellos, y eso no funciona. Si el camello se queda en el desierto, el resto tendrán que hacerlo solos; bueno es si fuimos un buen faro, porque aunque éste se termine apagando, la luz siempre les quedará en la retina. Cuando más confianza se necesita, menos errores hemos de permitirnos. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas y feliz comienzo de semana. ©26/1/2015 J. Javier Santana
Gran Canaria es sinónimo de seguridad ciudadana, fantástica climatología, variopintos parajes naturales, gente sencilla y hospitalaria, cultura para las culturas, enclave comercial y turístico, abundante en lo que mana y rica en energías renovables, sabrosa gastronomía y cuna de grandes futbolistas, artistas y escritores. Amo al mundo como vivo enamorado de mi tierra. Ingleses y franceses fueron nuestros primeros turistas, crearon colonias importantes y dieron lugar muchas de sus costumbres.
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