jueves, 12 de marzo de 2015

El mejor actor es el más hábil espectador.

Nadie vive exento de vivir en el arte de ver en lo invisible, sólo será cuestión de creerlo y de mantenerse firme en el hecho. Lo que uno ve en lo invisible, difícil será que lo vea el otro a menos que lo hagamos visible, y ahí es donde reside el arte de la visión. Un arte que no se conquista sin más o nace de hoy para mañana; se va haciendo en el día a día y sin que apenas se perciba. Cuando se actúa sobre el escenario de la vida, será el espectador quién nos vea; nuestro será el papel de despertar un sueño, crear el arte de la visión desde lo invisible. En ese escenario de la vida, cada cual interpreta de la mejor forma que sabe o quiere, a su conveniencia o con torpeza. A diferencia del gran teatro, somos actores al tiempo que espectadores. Al espectador, como no tiene que actuar, le tocará observar y deducir; bien diferente será cuando se nos llama para que adoptemos nuestro papel sobre el escenario. Nos tocará interpretar todo tipo de papeles, con la salvedad de que siempre nos quedará la libertad de elegir cuál de ellos. La audacia unida a la experiencia, se hace fundamental cuando nos toca actuar; el mejor actor será aquel que mejor haya sabido estar como espectador. Desde la butaca se dispone de una visión de conjunto muy amplia, no tienes que tomar una decisión ni asumir la responsabilidad del actor, sólo es cuestión de no distraerse y perder el hilo obligándote a preguntar al que tienes al lado; entonces ya no serás tú. Cuando no hemos sido nosotros los que hemos diseñado el guión de la obra, mejor es esperar al final de la misma para extraer nuestras propias conclusiones. Antes de subirnos al escenario, habrá que aprenderse bien el guión, para evitar decir disparates. Cuando nos toca estar de meros espectadores, serán los propios actores los que mejor conozcan la veracidad del papel que les haya tocado interpretar; y no siempre seremos bien avenidos a la función. A veces, lo más inteligente, habiendo tantos teatros como obras, es ir a la que mejor se ajuste a nuestros intereses. No será responsabilidad de los actores que la obra nos guste o no, ellos simplemente se limitarán a interpretar su papel, aquel que les corresponda, y se guardarán el derecho de invitarte a la función o no. Si tropiezan, interpretan mal o no, saben que no será cuestión nuestra; pues disponen de su público y adeptos. Qué mañana nos podamos encontrar sobre el mismo escenario, también puede pasar; pero eso ya será otra historia. Lo mejor que se puede hacer con un libro, imposible de digerir su lectura, es pasar página; ahí se encontrará la nuestra. Ese plato que se nos rompió y le pedimos perdón, ya no será nunca el mismo; evolucionó y se convirtió en un hermoso mosaico. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, vive tu particular Cuaresma y feliz día. ©12/3/2015 J. Javier Santana

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