Cada 20 de marzo, vísperas de la primavera, nuestra humanidad se pone de acuerdo para recordarnos de la necesidad, y útil costumbre, de ser felices. Un servidor procura recordárselo en cada suspiro del día, pues, en cada suspiro del día, ya habrán hechos y acontecimientos que te recordarán justamente todo lo contrario. La felicidad es un ente anhelado hasta el último hálito de nuestra corta, y veloz, existencia; si aún no te has encontrado con ella, o por momentos se te extravía como hábil y escurridizo lince, aquí estoy para compartirte algo de la mía. Sólo te pido algo, si no puedes compartir de la tuya, al menos, comparte de la mía; lo que se comparte se reparte y, al final, todos nos llevamos una parte. "Sólo los niños saben lo que buscan _dijo el principito_. Pierden tiempo por una muñeca de trapo y la muñeca se transforma en algo muy importante, y si se les quita la muñeca, lloran... Tienen suerte _dijo el guardagujas". No cabe duda que la mente es un músculo a ejercitar y que requiere de mucho entrenamiento. Es como una esponja que todo lo absorbe, bueno y menos bueno, de ahí la necesidad de ser ejercitada. Por supuesto que sin un buen coaching, como lo es el corazón, está perdida. De ahí ese apelativo popular: "qué buen corazón tiene, qué mala cabeza". Cuando hablamos de 'menos bueno', me estoy refiriendo a que 'malo' sólo existe para aquel que así lo quiera ver o entender; pues dista mucho nuestra apreciación del que vive su particular experiencia. Lo que para unos es 'malo', para mí puede ser 'menos bueno', puesto que, con toda probabilidad, para el que lo vive será buenísimo hasta que deje de serlo; entonces él mismo adoptará el calificativo que le corresponda. Cada cual tiene su particular forma de concebir su vida, y no existe una mejor que otra, como tampoco nadie está obligado a llevar eternamente la misma vida de una forma esquemática y hermética; existe la que se elija en cada momento. Hoy te puedes equivocar como mañana acertar. No existe un número determinado para cometer errores o aciertos, se cometen tantos como sean necesarios. En cada error habrá un acierto, en cada acierto habrán múltiples errores. Seremos un diseño perfecto, creado por nosotros mismos, cuando seamos capaces de ver en los errores el acierto, y en el acierto los errores. Nos equivocamos al pensar, en un edificio nuevo, la existencia de un ascensor; no recaemos en la posibilidad de que ese edificio se haya diseñado para atletas. Sonríe, pues, bajo esa mirada entrelazada e insinuante que invite al misterio de lo desconocido; los límites no están más allá de nuestra propia mente. Cuando seamos capaces de reconocer errores, tocará rectificar y seguir luchando; pues, sin apenas darnos cuenta, nos veremos en plena clase, en medio de una gran lección. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, vive tu particular Cuaresma y feliz domingo Día del Señor. ©22/3/2015 J. Javier Santana
Gran Canaria es sinónimo de seguridad ciudadana, fantástica climatología, variopintos parajes naturales, gente sencilla y hospitalaria, cultura para las culturas, enclave comercial y turístico, abundante en lo que mana y rica en energías renovables, sabrosa gastronomía y cuna de grandes futbolistas, artistas y escritores. Amo al mundo como vivo enamorado de mi tierra. Ingleses y franceses fueron nuestros primeros turistas, crearon colonias importantes y dieron lugar muchas de sus costumbres.
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