martes, 24 de marzo de 2015

Todo lo que incite al fuego, termina quemándose.

Dícese que la experiencia es un grado, y la pregunta es: depende de para qué. Hay quienes necesitan vivir en carne propia lo que, su nivel de confianza en los demás, no le permite hacer basándose en experiencias de otros. Quién peor lo pasa, por la pérdida de tiempo, es nuestro maltratado espíritu, cuando la actitud ha de ser: me vale tu experiencia, me nutro e innovo con la mía. Las caídas y los golpes siempre vendrán, pero bueno serán las referencias para acolcharlos. Siente, pues, la magia de tu corazón; cada latido tiene un color y, en tu corazón, son únicos. Cuando lo que ves te invite al odio, o al repudio, cierra tus ojos y mira hacia dentro; nada puede ser más importante que la paz en tu interior. Todo lo que incite al fuego, termina quemándose. Cuando excluyes reflejas tu impotencia e incapacidad, presumes de lo que no tienes y señalas sin impunidad a aquellos que te hacen sombra, incapaz de llegar con dignidad a la zuela de su zapato, en calidad humana. Mal vas gigante si de poco te ha servido la historia, pues grandes imperios se han venido abajo; David venció a Goliat y de fachadas no se vive. A todo barco le nacen huecos, como a todo santo le llega su hora; nadie vive eternamente sin achicar agua. Hay determinadas cosas que se hacen a nuestro alrededor que no sabemos muy bien si se hacen para pasar desapercibidas o para que se noten. La esencia en su forma y método es la misma para ambos casos; existe un objetivo de fondo. Casi siempre, lo que esconden, es aniquilar más que sumar. Nuestra historia está plagada de Cid Campeadores; personajes abandonados sin escrúpulos a su suerte,  luchadores en la sombra de su soledad; hombres que, al fin y al cabo, marcaron un antes y un después en sus vidas y en las de los demás; personajes como en el cuento del Principito que amaron el desierto porque, ahí donde nada se ve ni se oye, sintieron el gozo de sentarse sobre un médano de arena y vivieron bajo el umbral de la felicidad que nace del resplandor que brinda un espacio en el silencio. Desde ese mismo silencio se nace, crece, combate y se gana; sólo quedará el olvido de aquel que, queriendo sobresalir por encima del mundo, terminó siendo mudo, pues sus hechos hablaron por sí solos. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, vive tu particular Cuaresma y feliz día. ©24/3/2015 J. Javier Santana

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