Quizás perdonar sea uno de los ejercicios más costosos e incluso, en algunos casos, más dolorosos. No conozco de heridas, salvo con anestesia, que se curen sin dolor. Puede también que perdonar cueste cuando nos cuesta mucho, y más, perdonarnos a nosotros mismos. Difícil será perdonar a alguien si no se empieza por uno mismo. Si no deseas emplear la misericordia con los demás, comienza contigo mismo. Perdonar viene a ser como una buena ducha, a la temperatura de agua que más nos gusta, en el momento del día que más lo necesitamos. Date la oportunidad de una buena ducha de perdón, tras secarte será como un abrir y cerrar de ojos; todo te va a cambiar. La carga del perdón y el olvido siempre es personal y van unidas de la mano. El perdón se diseñó para los seres humanos y no para otra especie. Poseer la capacidad de perdonar es infinitamente útil. Cuando se perdona a alguien de corazón, lo mejor, lo que le da el auténtico sabor es olvidar ese posible daño o error; porque de lo contrario, a la postre, quién lo seguirá cargando es uno. Otra cosa bien diferente será la prudencia, o confianza, que se le vuelva a permitir al indultado. Todo es muy concreto, creo que cuando se perdona también se ha de olvidar el daño. El daño se sufre en el momento y por todo ese tiempo que decidamos cargar con él, mientras que quién lo ocasionó lo cargará toda su vida hasta que se perdone y lo perdone. Nadie dice que sea tarea fácil la del olvido. Imaginemos que nos borran la memoria o nunca hubiéramos vivido esa experiencia que tanto nos afectó. Algo de positivo tuvo que haber acontecido en el futuro; el presente ya es diferente, y en parte se debió a aquel momento vivido. Por tanto, se ha de sentir el agradecimiento por ello. Reparemos pues, para dar paso al olvido, y llamemos a quién nos ocasionó ese daño reparador por su nombre, escribe y decreta. Yo hoy, nuestro nombre, te perdono y olvido aquello que pasó, te dejo ir en paz y te estoy inmensamente agradecido/a por los gratos momentos compartidos y toda la experiencia que acumulé; hoy soy un ser de luz totalmente diferente, mi espíritu ha madurado y te deseo toda la bendición del mundo. Gracias, gracias, gracias. Estoy convencido de que ese momento ya se habrá superado, somos personas inseminadas por un espíritu positivo y eso nos ayuda. Sólo será cuestión de, a pesar de ese posible daño, agradecer muchas cosas, y la primera es habernos dado la oportunidad de encontrar un nuevo futuro, nuestro presente actual. Los quiero, piensa en positivo, ora como amas, vive tu particular Cuaresma y feliz día. ©11/3/2015 J. Javier Santana
Gran Canaria es sinónimo de seguridad ciudadana, fantástica climatología, variopintos parajes naturales, gente sencilla y hospitalaria, cultura para las culturas, enclave comercial y turístico, abundante en lo que mana y rica en energías renovables, sabrosa gastronomía y cuna de grandes futbolistas, artistas y escritores. Amo al mundo como vivo enamorado de mi tierra. Ingleses y franceses fueron nuestros primeros turistas, crearon colonias importantes y dieron lugar muchas de sus costumbres.
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