Hermoso es el privilegio de sentir la posibilidad de estar a solas con Jesús. En cualquier parte, o lugar, puedes sentir ese regalo, pero nunca mejor que cuando lo haces con plena conciencia, donde nadie te ve salvo Él. Te mira de frente y se sonríe en tus torpezas, con Él no hay vergüenza de equivocarse; pues te invita a proseguir. No es necesario pedirle explicaciones porque se adelanta a tus preguntas. Sabe que no existe clavo torcido que no pueda enderezarse y aguarda su momento. Qué haces, te pregunta. Cuando tanto remolino hay en tu vida, se hace ensordecedor su silencio. Podemos decir que nos tomamos tiempo absolutamente para todo, tiempo de calidad; cada cual el suyo. Qué infinitamente grato es ese tiempo, de su tiempo, que creemos le damos, cuando en realidad es suyo y nos lo brinda. El mundo y sus cosas nos absorbe de su tiempo, y somos torpes porque no le vemos; no lo ponemos en primer lugar. Es sólo en las situaciones extremas, aquellas que nos afligen, cuando Él aparece en la primera línea de prioridades. El ser humano es así, y Él bien que lo sabe. Si aún no te has encontrado con la paz, desconoces la alegría del silencio, el ánimo de la soledad, la vida en vida, la sutileza que cala por las venas de la libertad, o simplemente no crees en las oportunidades; date una vuelta por el encuentro y déjate coger por la manos de aquel que no sabe ni quiere dejarte solo. A veces se nos extravían las cosas, se nos pierde el amor de un ser querido o se nos olvida lo importante del paso por esta vida; todo responde a una llamada de atención a la voluntad de Dios. Él sólo desea apaciguarte, apacientarte; pues no abandona a ninguna de sus ovejas. No quieras hacerte el lobo, con toda su fiereza, cuando lo que necesitas es reconocerte en la humildad de una dócil oveja.
Orando por el Santo Padre (Papa Francisco) 13/3/2015
Orar es estar en silencio, estar en bajo la Divina presencia, escuchar y hablar en nuestro interior de nuestro interior, examinar el espíritu, es atención y retención, ofrecer y recibir, pedir, confiar y perseverar en humildad, un encuentro, un regalo con el Cielo, es dar valor a lo importante, relevante y significante. Orar es retirarse en el descanso sereno; poner nuestra vida, abandonarse, en las manos de Dios.
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